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Culpables o inocentes

por Vivir sin plástico

Vivimos en una época en la que estamos acostumbrados a no entender multitud de cosas que ocurren a nuestro alrededor. Tenemos objetos que utilizamos a diario pero que en realidad no sabemos cómo funcionan, como un GPS o un microondas. Y no solamente ocurre con la tecnología, muchos niños desconocen la procedencia de los alimentos, no saben que, por ejemplo, las patatas que tanto les gustan crecen bajo tierra. Y si a la gran mayoría de los adultos les preguntáramos el nombre de la multinacional que produce la comida procesada que consumen o los ingredientes que tiene, desconocerían la respuesta. El mundo cada vez es más complicado, no nos es posible conocer todos los detalles sobre las cosas que utilizamos o consumimos. Einstein decía que hemos perdido la curiosidad por las cosas cotidianas, sea por lo que sea, el desconocimiento ha pasado a formar parte de nuestras vidas.

Hace unos meses, en una pequeña charla que dimos sobre el plástico, hablamos de cómo nuestra forma de consumir está afectando a los océanos y pusimos algunas fotos sobre la contaminación marina. Al final de la charla, un señor mayor nos preguntó «¿y dónde van a parar los plásticos que yo tiro a la basura?» Al preguntarle si se refería a la basura o al contenedor de reciclaje, nos respondió contundente «no, no, a la basura». Le contamos que seguramente acabarían en un verdadero o siendo incinerados, y ante esa respuesta puso cara de alivio. Nos quedamos desconcertados, no nos parecía una final feliz para sus envases pero después comprendimos que su expresión se debía a no quería que sus desechos plásticos acabasen en el mar, de ahí su alivio. Él no era responsable de lo que había visto en las imágenes que habíamos proyectado.

Hace poco un artículo de George Monbiot  hizo que recordáramos a aquel señor de la charla: Los elefantes, los rinocerontes, los leones, los osos polares, los grandes tiburones, las tortugas, los cóndores, las ballenas, los bosques pluviales, los pantanos, los arrecifes de coral: todos son víctimas colaterales del consumismo. Reivindicamos nuestro derecho a consumir (lo que queramos y cuando queramos) y el derecho a desentendernos de las consecuencias.

No queremos ni la extinción de animales, ni la contaminación, ni los desastres ecológicos y sociales que están ocurriendo en este mundo, pero tampoco estamos dispuesto a aceptar que nuestro estilo de vida está directamente relacionado con esto.

Es cierto que la gran mayoría de las personas no relacionamos nuestra manera de consumir con muchos de los problemas actuales, tanto medioambientales como sociales, pero también es cierto que no ponemos mucho interés en saberlo. Es como cuando de pequeños teníamos la sensación de que había un monstruo debajo de la cama pero nos daba miedo mirar para salir de dudas y dormir tranquilos por si acaso ese presentimiento se confirmaba. Con el consumo nos pasa lo mismo, no queremos saber lo que estamos fomentando con nuestras elecciones a la hora de comprar, nos da miedo encontrarnos con ese monstruo, que en este caso es real. Preferimos seguir con nuestro desconocimiento, mirando sólo la parte de la realidad que nos interesa conocer, comprando lo que nos apetezca sin remordimientos. Es normal, es una forma de autodefensa, no es fácil cargar con esa responsabilidad en nuestras espaldas.

Esperamos que respeten nuestros derechos humanos, que nos paguen un salario digno por nuestro trabajo y tener nuestras casas y ciudades limpias, pero al mismo tiempo con nuestra forma de consumir estamos apoyando injusticias sociales, salarios indignos y una cultura de productos desechables que genera más residuos de los que el planeta puede digerir. Compramos en empresas que no respetan los derechos humanos, con el uso de algunos productos estamos consiguiendo que se deforeste el planeta, nuestra comida viene de multinacionales que se están haciendo con el control del mercado agroalimentario, o por obtener el coltán que se necesita para nuestro móvil están abusando de mujeres en África.  No queremos ver esa parte de la realidad porque duele, y no es fácil de lidiar con ella. No, por favor, que no pongan esa responsabilidad sobre nosotros, hay gobiernos e instituciones que deberían estar vigilando para que esto no ocurra, es cosa de ellos, a nosotros dejarnos en paz. Sí sólo hemos comprado unas galletas, un móvil o un capuchino para llevar, somos inocentes.

No queremos ponernos trágicos (aunque quizás ya es un poco tarde) ni demasiado exigentes con nosotros mismos. No se trata de dejar de comprar, ni de rastrear con detalle la procedencia de los productos que utilizamos, (podría llevarnos toda una vida) pero sí de ser un poco más conscientes de las consecuencias que hay detrás de los productos que consumimos.

Hay muchas cosas que podemos hacer: investigar un poco los ingredientes de ese producto para ver si tiene aceite de palma, ver la multinacional que está detrás de la marca de ketchup que compramos o pensar si realmente necesitamos sustituir ese aparato electrónico que funciona a la perfección pero que se ha quedado ya un poco anticuado. Pero sobre todo, nuestro deber es informarnos porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y sólo siendo conscientes de las consecuencias de nuestra forma de consumir, podremos ser consecuentes. Si hay algo que queramos comprar a pesar de saber las condiciones de fabricación o los problemas que conllevan el material del que está fabricado, adelante, pero por lo menos miremos al monstruo a la cara. Repetimos, no es cuestión de paralizarnos ante todos los problemas del mundo, sino de salir de ese desconocimiento voluntario para vivir de una forma más coherente y consciente.

No podemos esperar a que el gobierno o las instituciones tomen la responsabilidad por nosotros, y sí, ellos son los primeros culpables, pero nosotros también tenemos que cargar con la parte de la culpa que nos corresponde y no siempre nos podemos declarar inocentes.

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15 comentarios

Laura 21 noviembre, 2016 - 9:39

Bravo, sólo eso, bravo.

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Vivir sin plástico 21 noviembre, 2016 - 20:08

Hola Laura,

Muchas gracias, sólo eso, muchas gracias ;)

¡Un abrazo!

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Lorena 21 noviembre, 2016 - 10:57

No puedo estar más de acuerdo. Solo en el momento en él que nos hagamos responsables de lo que consumimos y sus consecuencias, habrá una esperanza. Y eso está totalmente ligado a la información que manejemos. Gran artículo!

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Vivir sin plástico 21 noviembre, 2016 - 20:10

¡Hola Lorena!

Muchas veces estamos tan ocupados en nuestras vidas que nos cuesta mucho pararnos a pensar en algo tan básico como nuestra forma de consumir. Pero si, debemos comprender que somos parte del problema y, como siempre dice nuestra amiga Sylvia Earle, de la solución.

¡Muchas gracias!

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Irene_Recolectora 21 noviembre, 2016 - 19:59

Magnífico artículo. No tengo más palabras… la verdad que no.
Sólo daros las gracias por poner esto letra a letra, por escrito, para que quede claro.
Lo comparto en redes, que no se quede sólo aquí.
Un abrazo enorme,

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Vivir sin plástico 21 noviembre, 2016 - 21:20

Hola Ire,

Muchas gracias a ti por dedicar unos minutitos a animarnos el día.

Y gracias por compartirlo.

¡Un abrazo guapa!

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Jesús Benito 21 noviembre, 2016 - 22:09

Comparto con vosotros la animadversion por los plasticos en general. Solo querria decir que hace tiempo me vi relamente afectado cuando productos de consumo alimentario que recordaba de toda la vida, ahora tengo 59 años, (no quiero decir marcas) y en los que tenia plena confianza reconocian en su etiqueta el contenido en aceite de palma. Automaticamente los he rechazado, el abanico de opciones se ve recortado y ahora solo me puedo fiar del pan y bizcochos que elaboramos en casa. Sorprendentemente, hace poco, pude ver como una marca muy reconocida en el mercado de crema de avellana o cacahuete, no se, manifiesta que el aceite de palma empleado procede de productores que respetan el medio ambiente, opinion respaldada por Greenpeace (http://www.ecologiaverde.com/greenpeace-esta-contra-boicot-nutella/) que manifiesta «había alcanzado su objetivo de utilizar sólo el aceite de palma sostenible».
La toma de decisiones se complica ya no solo es cuestion de si se utiliza el aceite de palma o no sino tambien de la procedencia del mismo. Aun asi sigo pensando que con independencia del origen sostenible y organico debe premiar la variable proximidad aun a costa de «perder» cierta calidad/costo en el producto. Sobre este tema, «proximidad», decir que intentando sustituir los envases de agua por otros de acero inoxidable solo me queda por razon calidad/precio recurrir a comprarlos en nada mas ni nada menos que en china, lo siento.

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Vivir sin plástico 22 noviembre, 2016 - 19:47

Hola Jesús,

Muchas veces es difícil decidir donde poner nuestro filtro. Hay tantos factores a tener en cuenta al comprar un producto que nos podemos volver locos. Como bien dices no solo hay que tener en cuenta los ingredientes, también hay contar con la proximidad, la empresa que lo fabrica, el tipo de envase, si es de agricultura ecológica o no… la lista puede ser interminable. Cada uno podemos dar más importancia a unos factores que a otros, para nosotros también es importante la proximidad y la producción a pequeña escala, para otras personas es más que sean productos de agricultura ecológica o que sean de comercio justo. Pero lo realmente importante es que todos tomemos conciencia de la importancia de nuestra forma de consumir y, si estamos dudando entre varias opciones bastante sostenibles, ya es una muy buena señal porque significa que nos preocupamos por lo que compramos.

Habrá veces que no encontremos la opción que queremos y tendremos que elegir la que nos parezca menos mala. No pasa nada por comprar envases de acero inoxidable fabricado China (donde, por cierto, también hay fábricas responsables) si vas a poder reutilizarlo infinidad de veces evitándote un montón de envases desechables. Tenemos que hacerlo lo mejor que podamos y habrá veces que la opción que escojamos no sea la mejor pero somos humanos.

Muchas gracias por pasarte por aquí.

¡Abrazos!

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Mariana 23 noviembre, 2016 - 19:55

¡Gracias chicos! Está buenísimo el texto, y es un importante recordatorio de la necesidad de mirar a los ojos a ese monstruo que se esconde debajo de la cama. No conocía ese artículo de Monbiot, pero soy muy fan. Me lo voy a leer con calma ahora mismo, gracias por el enlace también :-)

El último párrafo sí creo que da para una discusión más larga… no estoy convencida de que los principales «culpables» sean los gobiernos y la industria. El asunto es que, en un mundo con este nivel de complejidad, todos compartimos responsabilidad. Cada uno, desde lo personal, laboral, político, etc, hace cosas que tienen impacto en el comportamiento y las elecciones de otros. Buscar culpables (que sé que no es lo que ustedes están haciendo, pero creo que vale la pena aportar mi punto de vista como granito de arena) no nos lleva a ningún lado, ni siquiera si llegáramos a descubrir que los «culpables» somos nosotros.

Asumir responsabilidad —y entender que esa responsabilidad es compartida con todos— es otra cosa. Yo no soy parte del gobierno, pero voto por ellos. Yo no soy empresaria o propietaria de industrias, pero les doy mi dinero. Y los políticos y los industriales también son personas comunes, con vidas cotidianas en las que toman decisiones como las que tomamos nosotros. En esto estamos todos. El monstruo debajo de la cama lo alimentamos todos, así que por eso es importante mirarlo de frente, saber qué de lo que estamos haciendo está permitiéndole estar ahí, y hacer lo que está en nuestras manos (poco a poco pero cada vez más) para sacarlo y vencerlo.

¡Un abrazo, y gracias por compartir estas reflexiones tan valiosas!

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Vivir sin plástico 27 noviembre, 2016 - 9:41

¡Ey Mariana!

Quizá la palabra culpable no sea la más apropiada, pero es lo que nosotros sentimos cuando tomamos una opción que no consideramos adecuada. Puede ser que no sea sentimiento de culpa exactamente y se trate más bien de estar concienciados. Es difícil definir la sensación o elegir la palabra idónea, pero a veces al comprar algo se nos vienen a la cabeza imágenes de lo que estamos fomentando con esa compra y nos remueven mucho. No es un sentimiento malo, o que nos paralice, al revés, nos ayuda a seguir tomando la responsabilidad de nuestras acciones. Pero como dices no se trata de buscar culpables, sino de comprender que todos somos parte del problema y eso es lo que intentamos trasmitir en esta entrada.

Nos alegra mucho que nos hagas recapacitar sobre la responsabilidad de los gobiernos. Es un tema muy complejo y últimamente le estamos dando vueltas. Te contamos nuestras dudas. Aunque parezca lo contrario, el gobierno está ahí para mirar por todos nosotros, son los representantes que hemos elegido para que cuiden por nosotros y por nuestros intereses. Los elegimos para que decidan lo mejor para todos, ni mas ni menos. Y estamos de acuerdo, los políticos son personas comunes, como cualquiera, pero a las que les hemos dado el poder y la responsabilidad de tomar decisiones que no sólo les afectan a ellos, afectan a millones de personas. Y ese un súper poder lo ponen al servicio de las grandes empresas y no de las personas, por eso les consideramos más «culpables», porque no están haciendo bien su trabajo.

Pero, por otro lado, los temas medioambientales no son importantes para muchos políticos y muchas personas que los votan. Lo que realmente les importa es crear empleo y generar «riqueza» sin importarles las consecuencias. Entonces, en realidad están haciendo su trabajo bien- Están representando lo que se supone que quiere la mayoría de las personas que votan. Aún así, no deberían ignorar algo científicamente demostrado, como el cambio climático ¿o sí?

Nos gustaría que los gobiernos tomasen más medidas y con urgencia. Y sí, todos tenemos que tomar la parte de responsabilidad que nos toca, en eso no tenemos duda, lo que ocurre es que a veces nos desesperamos de lo que cuesta sacar a la humanidad de su estado de pasividad y lo rápido que podría hacerse si los políticos tomasen algunas medidas correctas, por eso quizá nos lleve a buscar culpables en donde no los hay. No sabemos si has leído este otro artículo de Monbiot. Por resumirlo, no nos consideramos egoístas, pero consideramos que el resto de las personas sí lo son. Además, la gran mayoría de los líderes políticos están obsesionados con la fama, el poder y la riqueza. Son una minoría, pero como están en todos los lados y es lo que vemos en las noticias, asumimos que son una representación de la humanidad. Esto provoca una pasividad general, que hace que billones de buenas personas se queden inmóviles pensando que no se puede hacer nada, pensando que al resto no les importa nada. Y ése quizá sea el monstruo contra el que todos debemos luchar.

Muchas gracias por hacernos repensar el tema.

¡Un abrazo!

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Jocelyne Montoya 25 noviembre, 2016 - 1:02

El problema no es el plástico, es que nosotros no sabemos reciclar, por que el plástico debe terminar en el mar y no en una adecuada disposición, por que no saber como reciclar estos elementos, lo que están buscando es que cierren varias empresas, y varias personas queden desempleadas y afectando la canasta familiar de un hogar y finalmente una economía de una país, con una industria solidad, por que no buscar opciones que solo buscar culpas y cerrar empresas ??

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Vivir sin plástico 27 noviembre, 2016 - 22:31

Hola Jocelyne,

El problema es el uso que se da al plástico. No se pueden fabricar utensilios de un solo uso con un material tan duradero. No creemos el reciclaje sea la solución porque es muy complicado reciclar el plástico (en esta entrada hablábamos sobre eso) tanto, que en muchas ocasiones conviene más usar plástico virgen.

No se trata de cerrar empresas ni que la gente se quede en paro, pero sí un cambio en esas mismas empresas y otro empleo para esa misma gente. ¿Qué tal si todas las personas de la que hablas en vez de dedicarse a producir vasos desechables, se pusiesen a fabricar termos que la gente lo pudiese llevar a la cafetería para que se lo rellenasen?

Si argumentásemos todo con los puestos de trabajo que una industria genera, no habría evolución. Seguiríamos recolectando el trigo a mano y moliéndolo con una piedra para hacer la harina. Las cosas cambian, el mundo evoluciona y los trabajos de las personas también.

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Jesús Benito 28 noviembre, 2016 - 11:59

El problema es en si el propio plastico, piensa que se fabrica con un elemento contaminante, cargado de toxicos (petroleo) cuyas reservas algunos han puesto fecha limite. Ademas en su fabricacion y uso posterior seguimos incluyendo su carga toxica, y si a esto añadimos las limitaciones a su posterior reciclaje creo que la postura debe ser clara y contundente. No debes defender el «bienestar» de la gente justificandola con puestos de trabajo que deberian tener su oportunidad en otras areas, este tipo de logica, la del miedo, solo hace bien a las clases privilegiadas del sistema.

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Marina 14 febrero, 2017 - 13:31

Excelente artículo! Muchas gracias! Lo comparto y lo sigo poniendo en practica cada día lo más posible! Gracias!

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Vivir sin plástico 19 febrero, 2017 - 23:06

¡Hola Marina!

Muchas gracias por tus palabras y por compartirlo. A ver si cada día somos más gente poniéndolo en práctica.

¡Un abrazo!

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