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Plástico reciclado en envases de alimentos, ¿es seguro?

por Fer Gómez
Recipiente de plástico transparente para comida para llevar con tapa abatible, fabricado con plástico reciclado procedente de envases alimentarios, vacío, expuesto sobre una superficie negra brillante.

Hace unos meses la FAO publicó el informe implicaciones para la seguridad alimentaria de los plásticos reciclados y otros materiales en contacto con alimentos.

En el que se analizan los retos y riesgos de utilizar plástico reciclado en envases que van a estar en contacto con alimentos.

Migración de sustancias a los alimentos

Desde hace tiempo se sabe que los materiales de envasado de alimentos no son completamente inertes y pueden liberar pequeñas cantidades de las sustancias químicas que los componen hacia los alimentos y bebidas, en un proceso conocido como migración.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha identificado diez grupos de sustancias químicas presentes en los plásticos que generan especial preocupación por su toxicidad y su capacidad para liberarse del material.

Entre ellas se encuentran pfas, ftalatos, bisfenoles, biocidas, metales y metaloides, retardantes de llama, estabilizadores uv, pah y determinadas nias, como dioxinas y furanos policlorados.

Un gran grupo de botellas de plástico vacías, de distintos tamaños y colores —muchas de las cuales muestran el uso de plástico reciclado en envases para alimentos—, está dispuesto al aire libre, con vegetación y postes de madera visibles al fondo.

Sustancias añadidas intencionalmente

Más de 12.000 sustancias químicas pueden utilizarse intencionadamente durante la fabricación de distintos tipos de materiales en contacto con alimentos, conocidas habitualmente como IAS (Intentionally Added Substances, sustancias añadidas intencionadamente).

Son aditivos, como plastificantes y estabilizantes, que se añaden para mejorar las propiedades y funcionalidad de los materiales plásticos.

Sustancias no añadidas intencionalmente

También se han encontrado sustancias que pueden estar presentes de forma no intencionada.

Cuando un material entra en el proceso de reciclaje, no siempre es posible conocer su historial. Un envase puede haber contenido alimentos, pero también productos de limpieza, cosméticos u otras sustancias no comestibles.

Además, cuando los envases se desechan mezclados, pueden producirse contaminaciones cruzadas con otros envases o residuos durante la recogida, clasificación o reciclaje.

4.200 sustancias identificadas como peligrosas

Se han identificado más de 16.000 sustancias químicas que se utilizan intencionadamente en la producción de plásticos o que están presentes en ellos de forma no intencionada.

De estas, más de 4.200 han sido identificadas como sustancias con distintas propiedades peligrosas, como ser persistentes, bioacumulativas, móviles o tóxicas

Cuando no sabemos exactamente qué sustancias han acabado en un plástico reciclado, evaluar su seguridad resulta mucho más complicado.

¿Qué es el umbral de preocupación toxicológica?

Es una herramienta que permite valorar una sustancia química cuando no se dispone de suficientes datos sobre su toxicidad. 

Establece un nivel de exposición por debajo del cual se considera que el riesgo es suficientemente bajo. Puede ser útil en plásticos reciclados, donde no siempre es posible identificar todos los contaminantes presentes.

No sabemos exactamente qué sustancia es, pero si la exposición está por debajo de determinado nivel, consideramos que el riesgo es suficientemente bajo.

Este enfoque tiene limitaciones, especialmente cuando existen sustancias con posibles efectos genotóxicos o cuando estamos expuestos a mezclas de muchas sustancias, ya que no tiene en cuenta completamente sus posibles efectos acumulativos o combinados.

No significa que la sustancia sea inocua, sino que permite valorar si la exposición puede considerarse suficientemente baja cuando faltan datos toxicológicos.

Filas de botellas de agua de plástico con tapones azules dispuestas muy juntas, creando un patrón repetitivo y poniendo de relieve el uso de plástico reciclado en envases alimentarios.

El origen del plástico importa

Si sabemos que el flujo de residuos está perfectamente controlado y que una botella solo ha tenido uso alimentario, la situación es relativamente sencilla.

Pero si no podemos garantizar el origen y el historial del material, el proceso de reciclaje debe ser capaz de descontaminarlo y eliminar los posibles contaminantes.

Hoy existen procesos de reciclaje autorizados para producir plástico apto para uso alimentario, pero todavía hay sustancias y contaminantes cuyo comportamiento y posibles efectos sobre la salud no conocemos suficientemente bien.

Por eso, la FAO insta a mejorar el control de los flujos de residuos y a separar los plásticos destinados a uso alimentario antes de su reciclaje. 

Normativa Europea

La UE cuenta con una normativa específica para los plásticos reciclados destinados al contacto con alimentos. El reglamento 2022/1616 establece requisitos para controlar los residuos, los procesos de reciclaje y la descontaminación, con el objetivo de que el plástico reciclado sea seguro para el consumidor.

Establece normas para garantizar que los materiales reciclados cumplan los mismos estándares de seguridad y calidad que el plástico virgen. 

Normativa internacional

La FAO señala que actualmente no existe un marco normativo común a nivel internacional para evaluar el uso de plástico reciclado en materiales en contacto con alimentos.

Por eso, pide armonizar las normas y los métodos de evaluación entre países, para garantizar que los plásticos reciclados destinados al contacto con alimentos se evalúen con criterios de seguridad comunes.

Reciclar es necesario, pero no suficiente

El reciclaje de plásticos destinados al contacto con alimentos puede contribuir a reducir los residuos y avanzar hacia una economía circular, pero plantea importantes retos de seguridad alimentaria.

Por aquí entrevistamos a Nicolás Olea y Ethel Eljarrat, dos personas expertas en los contaminantes que puede contener el plástico. Ambos coinciden en que el reciclaje puede volver a poner en circulación sustancias peligrosas, incluso algunas que ya están prohibidas.

Reciclar más plástico es necesario, pero no basta. Cuando ese plástico va a volver a estar en contacto con alimentos, garantizar su seguridad requiere procesos complejos de control y descontaminación, que son mucho más costosos que utilizar plástico reciclado.

Por eso, reducir el uso de envases de plástico sigue siendo una medida fundamental.

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