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Plástico y cambio climático

por Vivir sin plástico

Aunque hay quién todavía lo niega (también hay gente que cree que la tierra es plana), está claro que el cambio climático está aquí. Y ha venido para quedarse, digamos que se está empezando a poner cómodo.

Pero antes de nada ¿cómo se produce el cambio climático? El sol envía al planeta radiaciones solares que nos aportan luz y calor que tanto necesitamos. Algunas de estas radiaciones salen de vuelta rumbo al espacio. En su viaje de regreso algunas son atrapadas en las atmósfera por unos gases, los gases efecto invernadero. Gracias a ellos se mantiene la temperatura en la Tierra, sin ellos la temperatura media sería -18 ºC.

Con las actividades humanas, principalmente con la quema de combustibles fósiles, generamos muchísimos gases de efectos invernadero a una velocidad que la tierra no puede digerir. Más gases significan una mayor retención de energía solar en la atmósfera, lo que está produciendo el calentamiento del planeta. 

Las principales emisiones las provoca, el transporte, la ganadería, agricultura,… Pero los que nos ha llamado la atención ha sido descubrir que el plástico también es un contribuyente más a la crisis climática. En la actualidad supone 3,8% de las emisiones de carbono y se calcula que para el año 2050 va a ser responsable del 13% de ellas. 

Estos datos se han publicado en el informe Plástico y Clima. Los costes escondidos de un planeta plástico, donde apuntan que el plástico se encuentra entre las fuentes de mayor y más rápido crecimiento de las emisiones industriales de gases de efecto invernadero.

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) debemos mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C de la era preindustrial para lo que debemos reducir dramáticamente las emisiones. Es decir, tenemos que ir a menos, no a más.


Pero con el plástico seguimos yendo a más. La producción del plástico sigue en aumento cada año. Se espera que la producción de envases de plástico casi se duplique para 2030 o 2035 y se cuadruplique para 2050. Shell y Exxon están abriendo nuevas plantas en Estados Unidos y México capaces de producir 1,6 y 2,5 millones de toneladas de polietileno al año. No nos dejemos engañar, vamos por mal camino.

Es curioso que las emisiones de gases no acaban cuando el plástico ya está fabricado sino que continúan mucho después de desecharlo. De hecho, es cuando emite más gases.

El plástico principalmente se entierra, recicla o incinera, cada uno de los cuales produce cantidades variables de emisiones de gases de efecto invernadero.

Todos sabemos que vertedero no es el mejor fin para el plástico y además aquí se emiten muchísimos gases efecto invernadero (aunque no sabríamos calcular el porcentaje proveniente del plástico). Prueba de ello es que la Comisión Europea trata de eliminarlos por completo.

El reciclaje es la mejor opción en cuanto emisiones. Es tres veces más eficiente utilizar material reciclado que virgen, pero tiene en contra su dificultad. El alto coste de proceso, el bajo valor comercial del plástico reciclado y el bajo costo del material virgen significan que el reciclaje de plástico rara vez es rentable. Debido a estas limitaciones, sólo el 9% de todo el plástico desechado desde 1950 ha sido reciclado.

Según el informe, la incineración es la fuente principal de emisiones de gases de efecto invernadero del manejo de los desechos plásticos. Desde el año 1950 el 12% del plástico desechado se ha incinerado. A medida que aumenta la dependencia de la incineración, también lo hacen las emisiones de los desechos plásticos.

¿Y qué ocurre cuando el plástico se abandona en medios naturales? Que al romperse en trozos más pequeños también libera gases, principalmente metano y etileno (que contribuyen a calentamiento global mucho más que el CO2). El plástico que más gases desprende es el polietileno, ya que el etileno se encuentra entre sus “ingredientes” y es el plástico que más se fabrica y desecha en todo el mundo.

Si lo piensas, tampoco es tan extraño, ya que los plásticos provienen de combustibles fósiles. El plástico expuesto directamente a la luz solar se degrada más rápido, por lo que produce aún más gases y, una vez iniciada, la producción de gases de hidrocarburos continúa incluso en ausencia de luz solar.

Además, los océanos son el pulmón del planeta. Desde la era industrial, los océanos han absorbido 30-50% del CO2 antropogénico atmosférico. La mala situación de los océanos puede significar un aumento de la acumulación de CO2 en la atmósfera.

El plancton y el zooplancton desempeñan un papel esencial en el ciclo del carbono del océano, capturando dióxido de carbono en la superficie y transportándolo a las profundidades. Cada vez hay más pruebas de que este zooplancton, al igual que otras muchas especies marinas, está ingiriendo microplásticos. Y experimentos en laboratorio han demostrado que la exposición a microplásticos puede ser tóxica para el fitoplancton. 

Y, cuanto más pequeño es el tamaño microplástico, mayor es su toxicidad. Otro estudio descubrió que esta toxicidad puede interrumpir la alimentación, la reproducción, la ingestión física y el metabolismo del plancton, entre otros impactos.

La recomendación del informe es simple: Reducir inmediatamente la producción y el uso de plástico y mantener los combustibles fósiles en el suelo.

En nuestro planeta todo está interconectado pero parece que los seres humanos no queremos comprenderlo. El plástico es un material para el que no existe la palabra fin.

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