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Lo más difícil de vivir sin plástico

por Vivir sin plástico
Lo más difícil de vivir sin plástico

¿Qué es lo más difícil de vivir sin plástico? Esta pregunta siempre nos cae. Aunque también nos preguntan qué ha sido lo más fácil, es más común que nos pregunten por lo complicado. Nosotros mismos cuando comenzamos pensamos que “vivir sin plástico” nos iba a enrevesar demasiado la vida. Con lo cómodo que era comprar lo que se nos antojaba sin plantearnos nada más que si nos apetecía o nos lo podíamos permitir, ¿para qué preocuparnos por el envase?

Otras preguntas habituales son: ¿cuáles han sido los productos que más os ha costado evitar?, ¿qué hacéis con la leche?, ¿y con la pasta de dientes? También nosotros en un principio pensábamos muy a menudo sobre los productos más difíciles de encontrar sin plástico. Así que no pensábamos muy diferente de la gente que ahora nos pregunta. Imaginábamos que nos dirigíamos hacia un mundo oscuro lleno de penurias e incomodidades.

¿Por qué siempre tendemos a enfocarnos más en lo negativo que en lo positivo? Se nos suele venir primero a la cabeza lo que no vamos a poder hacer en lugar de lo que sí podemos. Lo coherente es lo contrario, en este caso tendríamos que centrarnos en todo el plástico que súper sencillo de evitar en lugar de en el que creemos que nos va a costar. Hay tanto plástico a nuestro alrededor que reducir su uso está tirado. Lo único importante es empezar a dar los primeros pasos con convicción. Después ya van saliendo soluciones para casi todo y, aunque no siempre las encontrásemos, siempre va a ser mejor haber empezado que quedarnos paralizados al creyendo que es imposible. No se trata de elegir entre todo o nada, sino de hacer lo que esté en nuestras manos, por poco que nos parezca. En realidad, lo más importante es no dejarnos anestesiar por una sociedad que trasmite que no podemos hacer nada, que nos incita a quedarnos inmóviles.

Eso fue en realidad lo difícil: abrir los ojos y comprender que lo que esta sociedad considera “normal” es un sinsentido. El plástico ha entrado sigilosamente a formar parte de casi todos los productos que usamos o consumimos. Está tan omnipresente que hasta pasa desapercibido. Nadie parece darse cuenta de su presencia. Es habitual comprar todo sobreenvasado, tomar café en tazas desechables o coger una bolsa para cualquier pequeñez sin pensar en las consecuencias que conlleva. Y esto es lo socialmente aceptado.

Lo que no está admitido es intentar reducir nuestros residuos. Es comprensible que nuestra forma de consumir parezca extraña. Aunque cada día somos más, todavía somos muy pocos los que nos preocupamos por lo que desechamos. Muchas veces nos miran raro, y otras veces aunque no nos digan nada, las expresiones faciales de muchas personas ante algún comentario nuestro las delatan. Somos “bichos raros”.

Pero para nosotros lo que es realidad nos resulta extraño es que a billones de personas les parezca normal utilizar un material no biodegradable, de difícil reciclaje y que va a perdurar siglos en el planeta para producir productos desechables que van a tener una vida útil de unos pocos minutos (o unos segundos, imagina una cucharilla para remover el café). Que no se planteen que todo el plástico que se ha producido en la historia todavía sigue con nosotros porque no ha pasado el tiempo suficiente para que pueda degradarse. Y que continúen usándolo como si no hubiera mañana. Eso sí que es extraño y no lo nuestro.

Es sencillo dejarnos llevar por lo que vemos en nuestro día a día y acabar aceptando comportamientos injustificables a base de que muchas más personas los repitan, pero tenemos que despertar, pararnos a analizar las consecuencias de nuestras acciones y comprender que el camino más transitado no es siempre el más apropiado. Creemos que todos sabemos esto, pero lo complicado es ponerlo en práctica. Eso es en realidad lo más difícil de evitar el plástico, el compromiso, el resto viene rodado.

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7 comentarios

Mariana 20 marzo, 2017 - 20:44

Ayyy, ¡cuánta razón! Y creo que aplica para cualquier cosa en la vida, además. Hay un dicho que me gusta mucho, y que expresa esto mismo: «el que quiere, encuentra una manera, el que no quiere, encuentra una excusa». Y las excusas se encuentran muy fácilmente… lo que hace falta es ese compromiso para mirar detrás de la excusa, y ver que ahí justo (por lo menos en la grandísima mayoría de los casos) está escondida alguna manera :-)

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Vivir sin plástico 21 marzo, 2017 - 21:58

¡Hola Mariana!

Qué dicho tan sabio. ¡Más compromiso y menos excusas! Eso es lo que de verdad hace falta.

¡Un abrazo!

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Yve Ecocosmopolita 21 marzo, 2017 - 14:15

Este post me viene que ni pintado en respuesta a un comentario que me hizo hoy una lectura. Yo tampoco veo que sea tan difícil (menos en una ciudad como Barcelona donde hoy hay tantas alternativas). Pero nos cuesta el concepto del cambio. Y el ritmo de vida esquizofrénico en el que vivimos, que hace que cualquier pequeño cambio se nos haga una montaña, y que hace que tendamos a buscar solo la inmediatez y la comididad (que tampoco nos salva de las prisas, al fin y al cabo). Un abrazo, amigos <3

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Vivir sin plástico 21 marzo, 2017 - 21:57

¡Hola Yve!

Qué bien que la entrada te pueda servir de ayuda. Es verdad el ritmo de vida actual no ayuda a nada. Muchas veces no hay forma de pensar en otra cosa que no sea en la lista de tareas que tenemos por hacer. Y por eso cualquier cambio por pequeño que sea nos altera, siempre pensamos que nos va a robar el poco tiempo que tenemos. Pero tanto tú como nosotros sabemos que si seguimos haciendo siempre lo mismo no vamos a conseguir resultados distintos. Yo soy de las personas a las que les cuesta mucho bajar el ritmo, pero de vez en cuando hay que por lo menos intentarlo, no debemos seguir poniendo el tiempo como excusa.

¡Muchos abrazos!

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Laura 1 febrero, 2019 - 23:24

Buen artículo, aplicable a este asunto y otros

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María Dolores 16 febrero, 2020 - 22:35

¡Hola!
Enhorabuena por el blog y por la labor que realizais.
Estoy empezando a intentar reducir mis residuos y me surge una duda.
¿Qué es menos perjudicial para el medioambiente? ¿Comprar leche en botellas de plástico de 2,2 litros o en tetrabricks de un litro hecho con cartón certificado como proveniente de fuentes responsables, de marca con certificación Aenor Medio Ambiente pero que hay que depositar en el contenedor amarillo?
¡Gracias!

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Vivir sin plástico 19 febrero, 2020 - 14:01

Hola María Dolores,

No sabríamos decirte, la verdad es que lo ecológico no depende sólo del envase sino hay muchos más factores que influyen como la procedencia, el tipo de plástico de la botella, la gestión de residuos de tu zona, etc. Muchas veces es más importante el contenido que el continente y en este caso serían las leches vegetales que además también se pueden hacer en casa.

Sentimos no poder serte de más ayuda.

Un saludo.

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