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Plástico hasta en el aire

por Fer Gómez
Plásticos en el aire

Te contábamos hace tiempo que hay plásticos hasta en la sopa. Sí, hemos conseguido contaminar con plástico los elementos básicos del planeta: la tierra, el agua y aire; y por consiguiente nuestro propio cuerpo. Comemos, bebemos, cagamos, meamos y hasta respiramos plástico. 

Cada vez que se realiza un estudio buscando plástico en algún lugar lo encuentran: agua embotellada, pescado, carne, cerveza, refrescos, frutas, sal… El plástico han colonizado el mundo moderno.

Los plásticos podrían incluso alterar nuestras membranas celulares y entrar en las células. Puede que, incluso antes de nacer, ya estemos en contacto con ellos. Se han encontrado en la placenta humana. Sí, han llegado hasta el órgano que nos protege cuando estamos en el vientre materno.

Aún es pronto para saber las consecuencias que todo esto puede causar en nuestra salud. No solo es el plástico, estamos expuestos a más sustancias nocivas que (se supone) no son preocupantes para nuestra salud a bajos niveles. Ya lo decía Paracelso, “la dosis hace el veneno”, pero, ¿qué ocurre cuando estamos expuestos a muchas pequeñas dosis de distintos venenos, lo que se conoce como el “efecto cóctel”? Pues no se sabe, es imposible realizar estudios concluyentes que puedan analizar todas las posibles combinaciones.

Lo que resulta curioso es que el plástico sea también un contaminante atmosférico. En el centro de Londres, en el tejado del King ‘s College, han convertido pluviómetros en medidores de microplásticos. Recogen los que caen con el polvo del aire y la lluvia. Han medido 700 fibras de plástico por metro cuadrado al día, lo que si se traslada al tamaño de Londres Central significa 2.000 millones de microplásticos al día.

Según la investigadora, Stephanie Wright, todavía no hay motivo de preocupación. Se sabe que en concentraciones grandes pueden causar enfermedades pulmonares, pero se desconoce lo que pueden producir concentraciones pequeñas lo largo de nuestra vida, que es a lo que estamos expuestos.

En el documental War on Plastic, de la BBC, instalaron dentro de dos casas medidores de microplásticos en el aire. Las muestras fueron analizadas por el toxicólogo Joseph Levermore, y encontró partículas que podrían atravesar los alvéolos pulmonares. Afirmaba que es muy pronto para saber los efectos que puede tener en nuestra salud, que las investigaciones son muy recientes para llegar a conclusiones.

Fotograma del documental War on Plastic de la BBC

A mí con esto siempre me asalta la misma duda: ¿tenemos que esperar a demostrar que algo sea perjudicial para tomar medidas? ¿Tenemos que quemarnos para dejar de jugar con fuego? No es por ser tremendista, pero a mi respirar plástico no me parece inocuo. 

No solo en las ciudades respiramos plásticos, por mucho que intentemos escapar nos van a encontrar, incluso si nos vamos a los Pirineos. Allí, en lugar de 700 partículas por metro cuadrado, como en Londres, encontraron 365, a más de 100 kilómetros de la ciudad más cercana. Hasta se han encontrado microplásticos cerca de la cima del mudo, en el Everest.

Y, ¿cómo llegan plásticos hasta lugares donde apenas donde apenas hay humanos? Sobre todo gracias al viento. El plástico con el paso del tiempo se rompe en partículas más pequeñas que pueden llegar a ser microscópicas, llegar a la atmósfera, viajar grandes distancias e incluso atravesar continentes. Sí, podemos estar respirando un plástico que proceda de África, y ellos a la vez pueden estar respirando uno nuestro. 

La mayoría de los plásticos que hay en el aire provienen de tejidos sintéticos, de nuestra ropa, tapicerías, alfombras, moquetas, telas sintéticas, céspedes artificiales… Cada vez que lavamos prendas sintéticas sueltan microfibras que los filtros de las lavadoras y de las aguas residuales no son capaces de atrapar y pueden acabar en nuestros ríos, mares y océanos. Además, algunas de las microfibras que están en los mares pueden volver a la tierra por el efecto de los vientos.

La mayoría vestimos prendas sintéticas y, estamos, sin pretenderlo, esparciendo fibras por todos los lados.

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Otra fuente son los neumáticos de los coches. Con el rozamiento sueltan micropartículas al aire. Según algunos estudios son la mayor fuente de microplásticos en el océano.

La OMS ha analizado los niveles de microplásticos que hay en el agua y ha llegado a la conclusión de que no son preocupantes para la salud, pero ¿qué ocurrirá en el 2050, que se prevé que se cuadruplique la producción mundial de plástico? Nos enteraremos entonces.

Las imágenes de la contaminación marina no dejan indiferente a nadie, pero los plásticos en el aire o en el agua son imperceptibles al ojo humano ¿cómo intentar alertar sobre algo que no vemos ni conocemos las consecuencias que puede producir? ¿Qué podemos hacer? 

Está claro que intentar generar menos residuos plásticos es una prioridad, pero también reducir el uso de prendas sintéticas y comprender que el futuro pasa por cambiar nuestra forma de vida. Pero eso no sólo a nivel personal, necesitamos un cambio en la producción de ropa, envasado de alimentos, fabricación de lavadoras, reducción del tráfico,… Hay mil cosas por hacer y está claro que no podemos hacerlo solos. Necesitamos empezar a pensar en términos globales y humanitarios. 

Somos parte del planeta y lo que hagamos repercutirá directamente en nuestra salud. Aunque sea por puro egoísmo, cuidar el planeta es la única forma de que tengamos un futuro en él.


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