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Semana 10. Viviendo sin plástico

por Vivir sin plástico
Décima semana intentando vivir sin plástico

Esta semana ha sido casi sin plástico. Pensábamos que iba a ser la primera semana en que no tuviéramos nada (inocentes), pero tenemos que empezar a ser conscientes de que no todo es cuestión de la buena voluntad que le pongamos, hay veces que es difícil evitarlo por muchas ganas que tengamos.

Décima semana viviendo sin plásticoRecuento de plásticos

  • 1 ventanita de pañuelos de papel. Desde que la segunda semana que se nos acabó el papel higiénico, hemos estado dándole vueltas a cómo reemplazarlo (no hemos encontrado todavía uno que no venga envuelto en plástico). Fer tuvo genial la idea de utilizar pañuelos de papel que vienen en cajas de cartón (reciclable) y, a parte de no poder tirarlo directamente al váter, no supone una gran diferencia con el papel higiénico, así que así hemos estado usando pañuelos de papel (para aguas menores) y el bidé (para las mayores).

Esta semana se ha quedado en casa una amiga australiana y cuando le contamos que estábamos intentando evitar los plásticos nos sorprendió mucho cuando nos dijo que ella los odia tanto como nosotros  y que tiene muchos amigos que son zero waste, o residuo cero, todo unos profesionales. Lo único es que en cuanto se acabó nuestra cajita de pañuelos, compró otra, y esta sí que venía con una ventanita de plástico.

  • 1 cucharita. (Fer) El lunes no empecé muy bien la semana. En mi trabajo no he comentado nada de que estoy intentando vivir sin plástico. Normalmente bajo yo mismo a la cafetería a por mi café y el de algún otro compañero, pero ese día tenía bastante trabajo y unas compañeras se ofrecieron a traerme uno. Como los lunes no son lo mismo sin cafeína, les di mi taza para que la rellenaran y dije, no una, sino dos veces: «sin azúcar y sin cucharilla, por favor». Y llegó mi café… ¡con una cucharilla dentro!.. Qué rabia me dio.

No pude disimular mi enfado «¡¿Para que traéis una cucharilla?!» Me miraron con cara de incomprensión como diciendo «¿qué le pasa a este?, si es sólo una cuchara, ¿por qué se pone así?» y se alejaron diciendo «ufff, qué malos son los lunes».

«Si lo dije claro y dos veces», pensé. Recién empezada la semana y ya tengo algo para la lista de la basura, una cucharilla que ni siquiera voy a utilizar (tomo el café sin azúcar).

Al rato, más calmado, pensé en por qué había ocurrido esto. Creo que mis compañeras pusieron una cucharilla en cada café que compraron por inercia, como un acto automático, repetitivo, que se hace sin prestar atención. No pensaron si realmente la necesitaba o no, ni en los años que va a tardar esa cuchara en desintegrarse, ni los efectos que puede causar en el medio ambiente. Y sí, es una simple cuchara, pero ésa es la misma actitud que tenemos la mayoría de las personas ante todos residuos que generamos. Hemos automatizado tanto el hecho de tirar la basura que no pensamos más allá. Es simple, lo que no queremos lo tiramos y punto, fin del asunto. Como dice nuestra amiga Mariana, actuamos como si el basurero fuera «un espacio-temporal que se lleva nuestros desechos a otra dimensión.» Nosotros nos encargamos de tirarlos y después no queremos saber nada más. Punto final. Ya es cosa de otros y no nos importa lo que hagan con ellos, bastante preocupaciones tenemos ya como para tener que pensar en esas tonterías. Desgraciadamente, ésa es nuestra mentalidad. Tirar la basura es un acto banal e inconsciente. Es basura.

Más tarde, me volvió el tema  a la cabeza y pensé que hace unas cuantas semanas tenía en nuestra lista de la basura palitos de plástico que salían de una máquina de café del trabajo, bastante más pequeños que la cuchara, pero con al misma utilidad, remover un café que no necesita ser removido. Y yo por entonces tampoco  le daba tanta importancia, era un trozo de plástico inútil, pero pequeño. Esto me entristeció, pero al mismo tiempo me alegró: sí, es posible eliminar esta automatización. En mi caso, el simple hecho de tirar basura se ha convertido en un acto consciente. Y si yo he cambiado, es posible que muchas personas más también cambien. Llevamos poco más de dos meses y la forma en la que miramos lo que consumimos nos está sorprendiendo incluso a nosotros. Es sólo cuestión de tomar consciencia.

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